Mi experiencia con Sara empezó hace un año y medio llevando a mi hijo de 11 años. Estaba desesperada porque su comportamiento era inaceptable, no veía salida.
Lo mejor de toda la terapia fue la forma que tiene Sara de tratar lo que para mí era un problema con difícil salida. Me hizo entender que los niños de 11 años ni piensan, ni razonan como los adultos. Es tan simple como que los adultos tenemos que saber tratarles. Claro, a eso me enseñó Sara. Una vez aplicado en el día a día, mi hijo empezó a mejorar a pasos agigantados. A los pocos meses me dijo que no necesitaba verle más.
Un año más tarde llevé a mi otra hija de 8 años. Una niña muy muy complicada de carácter. Las pequeñas cosas que para los adultos no tienen importancia, para los niños de esta edad, si que la tienen y les pueden crear grandes problemas.
Mi hija tiene un problemas para interrelacionarse con sus compañeros y le cuesta mucho jugar con amiguitos en el colegio (es más, no tiene amiguitos o muy pocos). Esto es lo que Sara trabaja semanalmente con ella, entre otras cosas. Sus terapias ahora empiezan a ser cada 15 días.
Mi hija socialmente está mucho más integrada. La veo feliz y yo con ella.
