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El placer de perderse.

3 meses ago · · 0 comentarios

El placer de perderse.

Y aquí estoy yo, borracha de luz, sentada en la orilla de alguna playa dejando que las olas golpeen mi cara, mientras no pienso en absolutamente nada.

Aquí estoy yo, deseosa y brutalmente adicta a querer dejar todo de lado, aunque sea por un rato.

 

No pienso en la alarma de las 8:38 de la mañana. No pienso en la prisa de salir de casa. Ni en los atascos. Ni en qué narices hacer con el dinero de los bancos.

 

No pienso en responder los emails de las agencias de viajes ofreciéndome ofertas que nunca compraré. No pienso en mi madre, ni en mi padre, ni en la bella persona que algún día perderé.

 

No pienso en la bazofia que nos ofrece la parrilla televisiva con todos sus políticos de plástico o Sálvame de asco… porque si ahí me quedo un poco, se me avergüenzan los oídos y se me derriten los ojos.

 

No… aquí no hay espacio para nada inútil.

Aquí estoy yo, el mar y su afán de conquistarme el alma.

 

Y… ahí detrás de mi, en la arena seca, está el resto, reposados en sus toallas preguntándose ¿qué narices hace esa tarada sentada en la orilla dejando que las olas la golpeen la cara?

 

Y es que es una lástima que haya entes que desconozcan el placer de poder, de vez en cuando, perderse.

Tenemos Miedo.

10 meses ago · · 0 comentarios

Tenemos Miedo.

Evitamos expresarnos por miedo a las consecuencias.

 

Tenemos miedo a lo que piensen de nosotros, a que dejen de querernos o aceptarnos o cuidarnos o alabarnos. Nos chantajeamos así a nosotros mismos poniendo a otros como escusa. Nos prostituimos para poder mantenernos en una prisión que llamamos amor.

 

Tenemos miedo a estar expuestos, a brillar arrogantes y felices y… al encerrarnos, empobrecemos el mundo.

Tenemos pudor por dar, sin saber que así robamos eso que no damos.

Tenemos miedo a sentirnos plenos, no vaya a ser que así termine todo… cuando la plenitud es solo el principio que solemos postergar de por vida.

Tenemos miedo a la hoja en blanco, como si nuestra autenticidad pudiese errar o manchar, cuando es la represión y la indecisión lo que nos intoxica… cuando la alegría es la sagrada imperfección y la luz y la gestión del desastre.

Tenemos miedo a nuestra luz, no vaya a ser que veamos todo lo que nos prohibieron ver, y nos regañen y nos castiguen sin poder jugar como monos amaestrados que no se saben libres.

Tenemos miedo a nuestro genuino saber, no vaya a ser que nos suspendan el examen por no repetir como loros las mismas idioteces que nos dañaron.

Tenemos miedo a nuestro fuego, no vaya a ser que arda al fin todo lo que no somos y salgamos volando.

Tenemos miedo a nuestro placer, no vaya a ser que se molesten quienes sacrifican el suyo y nos ataquen y persigan para amordazarnos dándonos así toda la fuerza que nos quitaron para educarnos.

Tenemos miedo a todo lo que anelamos, a todo lo que late en nosotros y clama por ser reconocido y expresado.

 

El miedo representa ese deseo.

El miedo no es nunca el problema, es la solución.

Ponemos el miedo como escusa porque no sabemos utilizarlo.

Es imprescindible follarse al miedo para tomar consciencia de nuestra inevitable creatividad.

El orgasmo es la trascendencia del miedo, es la explosión de la que naces.

Si no hay desobediencia, no hay magia ni placer.

 

Tenemos miedo. Tenemos un regalo.

 

Por David Testal

En la quietud del silencio.

11 meses ago · · 0 comentarios

En la quietud del silencio.

Tantas y tantas veces, sumidos en el incesante parloteo mental, olvidamos escuchar-escucharnos y vagamos por nuestra vida como seres inertes que hacen y hacen sin pararse a sentir, si lo que hacen nace de dentro o de dónde…

Es solo en la quietud del silencio cuando alcanzamos a entender lo que nos decimos, lo que sentimos. Pero que difícil es, si nunca nos han enseñado a entendernos.

Es, en esos momentos que conectas con tu eco, cuando te alineas con algo que te hace ver con cierta claridad pero: confunde, da vértigo, asusta. Miras para otro lado, pero… algo dentro de ti te está diciendo que pares, que cambies, que gires, que dejes, que avances…

Es ahí cuando nuestra vida empieza a cambiar poco a poco y nos convertimos en creadores. No tengas miedo, algo mágico está por llegar.

Confía en ese latido de certeza.

Escucha tu cuerpo e intenta entender tu propio lenguaje.

Despierta.

HEMOS VENIDO A BAILAR con cada pequeño obstáculo que nos pone la vida, con las adversidades que se presentan en el día a día.

La vida es una danza consciente, ESCUCHA TU PROPIO RITMO en el eco de tu respiración. ENTIENDE QUÉ TE DICES, QUÉ NECESITAS Y POR DONDE QUIERES SEGUIR BAILANDO.