Solicita una cita

Hoy es el primer paso. Contáctame para organizarnos.

Llámame al:
(+34) 679 180 542

Envía un mail:
saraortegacordero@gmail.com

“Oigo una voz dentro de mi cabeza…”.

1 mes ago · · 0 comentarios

“Oigo una voz dentro de mi cabeza…”.

Es curioso, pero si alguien va al médico y dice: “oigo una voz dentro de mi cabeza”, lo más probable es que le envíen directamente al psiquiatra.

 

Pero vamos a ser claros, y lo cierto es, que de un modo similar, prácticamente todo el mundo oye continuamente una voz , o varias voces, en su cabeza. Monólogos o diálogos continuos. Y es que nuestra mente es una fábrica de crear pensamientos, hasta cuando dormimos nuestra mente está trabajando. Estos son procesos de pensamientos involuntarios, que, a propósito no sabemos que podemos detener.

 

Me atrevería a decir que más de una vez, nos hemos cruzado con alguien que curiosamente  estaba hablando solo o susurrándose algo a sí mismo, y qué rápido decimos o pensamos, “pobre loco”.

Bueno… eso no es muy diferente de lo que el resto de los comunes “hacemos”, excepto que no lo reproducimos en voz alta.

 

La voz comenta, especula, juzga, compara, se queja; hay cosas que le gustan, otras que le disgustan y, así sucesivamente. En tantas ocasiones, a esta banda sonora le acompañan imágenes visuales, como películas mentales.

Lo que dice la voz no tiene por qué ser relevante en la situación en la que nos encontramos en ese momento; puede estar reviviendo algo del pasado reciente o lejano, ensayando algo o imaginándose posibles situaciones futuras. En estos casos, curioso de nuevo, la mayoría de las veces se imagina que las cosas van mal y que los resultados van a ser negativos. A esto se le llama preocupación.

 

También hay ocasiones en las que la voz nos dice cosas relevantes de la situación actual en la que nos encontramos, y… sabes… siempre las interpretamos en función de nuestro pasado. Esto es así porque nuestra voz es parte de nuestra mente condicionada, que es el resultado de nuestro pasado personal y del contexto mental colectivo que hemos heredado. De este modo, vemos y juzgamos el presente con los ojos del pasado, por lo que nuestro punto de vista está totalmente distorsionado.

Es bastante habitual, que nuestra voz interna sea nuestro peor enemigo. Muchos viven con un torturador en su cabeza que les ataca y les castiga, agotando su energía vital. Este parloteo incesante causa una enorme cantidad de dolor e infelicidad, y por supuesto, también enfermedades.

 

Pero aquí viene la mejor parte…

Realmente nosotros no somos nuestros pensamientos. Equiparar el pensamiento con el Ser, es decir, la identidad con el pensar, es un gran y grave error. Hay autores que incluso se atreven a decir que pensar se ha convertido en una enfermedad, teniendo en cuenta que la mayor parte del tiempo pensamos de manera compulsiva y la enfermedad se produce cuando las cosas no están en equilibrio.

Intento aclarar este punto ya que puede resultar complejo de entender: por supuesto, la mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si no se hace así, se vuelve muy destructiva. Para ser más precisa, no se trata tanto de usar la mente equivocadamente, sino que generalmente no la usamos en absoluto, sino que es ella la que nos usa a nosotros mismos. Esa es la enfermedad: crees que tú eres la mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti convirtiéndote en esclavo, sintiéndote poseído sin saberlo, identificándote inconscientemente con ella, creyéndote la entidad poseedora.

 

Añado otro apunte que creo necesario en este punto: al igual que a un perro le encanta morder huesos o a las abejas posarse en las flores, a la mente le encanta resolver problemas matemáticos, crucigramas, incluso realizar experimentos químicos, ya que está diseñada para ello. A la mente le “encanta” hincar el diente a los problemas, pero… a “ti” eso realmente no te interesa. Si nos preguntaramos: “¿Podemos liberarnos de nuestra mente cuando lo deseamos? ¿Hemos encontrado el botón para apagarla? Qué responderíamos…

 

Es curioso, pero cierto:

Uno puede liberarse de su propia mente. Esa es la única y verdadera liberación.

Y podemos dar el primer paso ahora mismo: Empieza por escuchar tan frecuentemente como puedas la voz interna, la que está dentro de tu cabeza. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, como aquellos antiguos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza desde hace años.

 

Esto es lo que se llama “observar al pensador” y mantente ahí como presencia que atestigua. Escúchala pero de manera imparcial, es decir, no juzgues, no condenes lo que oyes porque eso sería que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás. Pronto te darás cuenta que la voz está allí y tú estas aquí, observándola. Esa compresión de “yo soy”, esa sensación de tu propia presencia que escucha, no es un pensamiento, surge más allá de tu mente.

 

Cuando escuchas un pensamiento, no solo eres consciente del pensamiento sino también de ti mismo como testigo del pensamiento, es decir, aparece una nueva dimensión de conciencia. Ese es nuestro yo más profundo y aprender a desidentificarnos de los pensamientos es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

 

Así que, déjame decirte que no hace falta ir al psiquiatra si aumentáramos el volumen de nuestra voz interna, no estamos “locos” por ello, sin embargo, animarnos a realizar un proceso terapéutico en manos de un psicólogo, puede ayudarnos a aprender a “observar al pensador” provocando así poco a poco, entre otros grandes aprendizajes personales, QUIETUD Y PAZ INTERIOR cuando nos unimos al SER, generalmente nublado por la mente que nos engaña haciéndonos esclavos e identificándonos con ella.

 

¡Que no te cuenten cuentos! Sales perdiendo…

2 meses ago · · 1 comentario

¡Que no te cuenten cuentos! Sales perdiendo…

¿Qué hemos venido a este mundo a ser felices? ¡Que no te cuenten cuentos!

Sí… hemos llegado a este mundo sin previo aviso (a propósito) sin que nos preguntaran antes si queríamos venir… y de repente y, a medida que vamos creciendo, qué difícil es en tantas ocasiones, injusto en otras, incluso cruel me atrevería a decir, en otras muchas.

Hemos venido a este mundo a vivirlo a pesar de los obstáculos, de las dificultades y si de algo estoy segura es… que somos seres con un don oculto. No te engañes… Tiene que haber sombras, oscuridad, tinieblas, gritos, miedo.

Y es que detrás de cada momento turbio, de cada época difícil hay algo que nos enseña a vivir con más fuerza, con más entereza, con más sabiduría. Toda época, todo momento difícil pasa, no temas, ahí no te vas a quedar para siempre, nada es eterno.

Pero ya que estamos… si nada tremendísimo está ocurriendo, ¡no te quejes!, sales perdiendo….

Aprendamos a ser protagonistas activos de esta gran aventura, creámosnos directores de ella y aprendamos a ser observadores imparciales para así recordar la magia de poder elegir cómo nos queremos sentir, confiando además que nada es estático y que todo acaba pasando.

 

Suena el despertador. Abro los ojos y tras respirar conscientemente ubicándome de nuevo en las cuatro paredes que me abrazan todas las noches, me despierto ilusionada por todas las cosas que tengo que hacer antes de que el sol caiga.

“Hoy puedo quejarme porque en un rato tengo que ir a la escuela

o puedo abrir mi mente, mirar más allá, y agradecer al cielo que gracias a esta oportunidad podré nutrirme de nuevos conocimientos, dándome así la opción del día de mañana escoger qué trabajo quiero ejercer.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar

o puedo pensar agradecida que acudiendo a mi trabajo hoy puedo vivir donde vivo, comer lo que como y disfrutar de lo que compro.

Hoy puedo sentirme agobiado porque mis finanzas han bajado

o puedo mirar con confianza lo que me queda, asumiendo que gracias a esta situación aprendo a planear futuras compras desde la razón.

 Hoy puedo lamentarme de nuevo sobre la oscuridad de mi salud

o puedo con fuerza y lucha agarrarme a la vida a pesar del dolor y, dibujando con energía y tesón, subirme al barco de la vida proyectando otro color.

 Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo

o puedo asumir sonriendo que ya no soy ese niño, y que gracias a lo que tuve y me faltó, hoy soy ese ser independiente con un futuro por delante para crear con libertad.”

 Tenemos la magia de poder aprender a escoger qué tipo de día queremos tener o quedarnos en la queja pasiva y autocompasiva, pensando que no hay opciones en la vida.

 

 

 

No soy un ser inerte, prefiero ser valiente.

6 meses ago · · 0 comentarios

No soy un ser inerte, prefiero ser valiente.

Llega un día que decides poner fin.

Dejas atrás tu habitación, apagas la luz de la mesilla,

vacías tu armario, dejas de usar tu vajilla.

Dejas atrás el olor de tu casa, el sonido de la madera al cruzar el pasillo

que tantos pasos has compartido.

 

Llega un día que, acabas capítulo para comenzar uno nuevo pero,

con lápiz a estrenar

sin goma de borrar.

 

Llega un día que convencida, cierras la puerta y, al dejarla atrás

caminas hacia delante sin titubear,

tranquila, serena, con alas gigantes para avanzar.

 

Me agarro a la vida: dejo trabajo, dejo ciudad

sabiendo que a la vuelta de la esquina están.

 

Ayer se convirtió en hoy,

y aquí estoy,

con ilusión.

Sabiendo que gran parte de lo que soy viene de atrás:

de lo que fue y siempre será.

 

Yo me niego a mantenerme quieta e inmóvil

por comodidad o conformidad.

 

No soy un ser inerte,

Prefiero ser valiente

y… hoy más que ayer

grito al cielo GRACIAS por hacerme entender

que no hay que temer:

que por mucho que tuviera construido

se puede volver a nacer

y, SIEMPRE con más fuerza y sabiduría que ayer.

Burbujas transitorias de locura real.

9 meses ago · · 0 comentarios

Burbujas transitorias de locura real.

Esto ocurre en sesión, en la vida y no entiende de edades:

Todo fluye en perfecta armonía, a su debido tiempo… en plena sintonía.

 

Proyección. Creación. Diseño vital sin necesidad de control excesivo, dejando espacio a la incertidumbre, altas dosis de aventura y, burbujas… burbujas de magia, burbujas de tiempo.

 

Hasta el momento sensación de enraizamiento, solidez, hasta me atrevo a decir, certeza eterna… así camino, segura y firme.

 

Todo fluye en perfecta armonía, a su debido tiempo y en plena sintonía… y de repente y de la nada… en medio del ruido y de la agitación, sintiendo paz en mi interior,

 

VUELO

QUE SI VUELO

 

Ahí estoy, en una burbuja. TU BURBUJA.

 

Qué bonita e inquietante la magia, qué tranquilidad que sea de tiempo… si entiendes de burbujas…”.

¿Hámster o Águila?

1 año ago · · 1 comentario

¿Hámster o Águila?

Escribo sobre este tema, porque somos humanos y, a todos, y digo TODOS… en ocasiones nos ha ocurrido, nos está ocurriendo, incluso nos ocurrirá (… aún habiendo pasado por lo mismo antes).

 

En la vida nos pasan cosas, si… a todas horas, una detrás de otra. Estímulos constantes, y más y otros, y haz y corre y sigue… y ES FÁCIL DESCONECTARSE, es fácil caer en ciclos donde te encuentras bloqueado, diciéndote o preguntándote: “no sé donde estoy. Me siento hasta arriba y me siento atrapado, yendo hacia a delante sin preguntarme nada, solo produciendo, generando, sin saber a dónde, ni para qué, ni con qué sentido”.

 

Qué humano es encontrarse a veces como un animal: encerrado en una jaula, girando sobre su propia rueda, como si de un HÁMSTER se tratase, chiquitito, ansioso. ¿Te suena esto?

 

Es fácil caer en ciclos de estos de vez en cuando. Pero necesitamos estar atentos para poder parar a tiempo. Me atrevería a decir, que la gran mayoría de las personas, se mueven activos pero desamparados, agotados en cuerpo y mente, angustiados sin permitir sentirlo, con su poder personal totalmente desconectado moviéndose a base de voluntad pagada.

 

Vuelvo a preguntarte… ¿Te suena esto?

 

Párate, mírate y pregúntate… ¿es esto lo que quiero?

 

Estés donde estés, busca unos minutos para dedicarte un tiempo a respirar.

Sí… Sólo a respirar.

SAL DE LA JAULA.

Imagínate en la cima de una montaña observando los picos nevados. El cielo azul. Las nubes blancas. El SILENCIO.

¿Cuánto hace que nos disfrutabas de este silencio eterno? ¿De ese aire templado? ¿De ese sol en la cara?

¿Cuánto hace que no haces eso, solo eso: estar y sentir?

Mirando lo que miras, escuchando lo que escuchas y sintiendo lo que sientes.

 

Respira bien profundo. Siente hasta dónde llega el aire que respiras y lleva ahí esas imágenes, ese sonido, ese silencio. Conecta con esa plenitud y esa paz. Y… de repente, visualízate convirtiéndote en un ÁGUILA enorme, imponente, poderosa que puede contemplar desde las alturas y ver de manera clara lo que te rodea. Quédate ahí y siente…

Desde las alturas puedes observar hacia donde te gustaría ir para obtener lo que deseas en ese momento.

Desde el lugar donde estés y con el objetivo a la vista, despliega tus alas hacia aquello de te llamó la atención. Comprueba que, a través de la CALMA, la CONTEMPLACIÓN y la VISIÓN, puedes accionar y llegar hacia donde quieras.

 

Ese es tu poder, recuerda que lo llevas siempre contigo

 

Ese es tu estado natural, tu estado merecido y el que todo el mundo necesita que tengas.

Tenemos Miedo.

1 año ago · · 0 comentarios

Tenemos Miedo.

Evitamos expresarnos por miedo a las consecuencias.

 

Tenemos miedo a lo que piensen de nosotros, a que dejen de querernos o aceptarnos o cuidarnos o alabarnos. Nos chantajeamos así a nosotros mismos poniendo a otros como escusa. Nos prostituimos para poder mantenernos en una prisión que llamamos amor.

 

Tenemos miedo a estar expuestos, a brillar arrogantes y felices y… al encerrarnos, empobrecemos el mundo.

Tenemos pudor por dar, sin saber que así robamos eso que no damos.

Tenemos miedo a sentirnos plenos, no vaya a ser que así termine todo… cuando la plenitud es solo el principio que solemos postergar de por vida.

Tenemos miedo a la hoja en blanco, como si nuestra autenticidad pudiese errar o manchar, cuando es la represión y la indecisión lo que nos intoxica… cuando la alegría es la sagrada imperfección y la luz y la gestión del desastre.

Tenemos miedo a nuestra luz, no vaya a ser que veamos todo lo que nos prohibieron ver, y nos regañen y nos castiguen sin poder jugar como monos amaestrados que no se saben libres.

Tenemos miedo a nuestro genuino saber, no vaya a ser que nos suspendan el examen por no repetir como loros las mismas idioteces que nos dañaron.

Tenemos miedo a nuestro fuego, no vaya a ser que arda al fin todo lo que no somos y salgamos volando.

Tenemos miedo a nuestro placer, no vaya a ser que se molesten quienes sacrifican el suyo y nos ataquen y persigan para amordazarnos dándonos así toda la fuerza que nos quitaron para educarnos.

Tenemos miedo a todo lo que anelamos, a todo lo que late en nosotros y clama por ser reconocido y expresado.

 

El miedo representa ese deseo.

El miedo no es nunca el problema, es la solución.

Ponemos el miedo como escusa porque no sabemos utilizarlo.

Es imprescindible follarse al miedo para tomar consciencia de nuestra inevitable creatividad.

El orgasmo es la trascendencia del miedo, es la explosión de la que naces.

Si no hay desobediencia, no hay magia ni placer.

 

Tenemos miedo. Tenemos un regalo.

 

Por David Testal

En la quietud del silencio.

1 año ago · · 0 comentarios

En la quietud del silencio.

Tantas y tantas veces, sumidos en el incesante parloteo mental, olvidamos escuchar-escucharnos y vagamos por nuestra vida como seres inertes que hacen y hacen sin pararse a sentir, si lo que hacen nace de dentro o de dónde…

Es solo en la quietud del silencio cuando alcanzamos a entender lo que nos decimos, lo que sentimos. Pero que difícil es, si nunca nos han enseñado a entendernos.

Es, en esos momentos que conectas con tu eco, cuando te alineas con algo que te hace ver con cierta claridad pero: confunde, da vértigo, asusta. Miras para otro lado, pero… algo dentro de ti te está diciendo que pares, que cambies, que gires, que dejes, que avances…

Es ahí cuando nuestra vida empieza a cambiar poco a poco y nos convertimos en creadores. No tengas miedo, algo mágico está por llegar.

Confía en ese latido de certeza.

Escucha tu cuerpo e intenta entender tu propio lenguaje.

Despierta.

HEMOS VENIDO A BAILAR con cada pequeño obstáculo que nos pone la vida, con las adversidades que se presentan en el día a día.

La vida es una danza consciente, ESCUCHA TU PROPIO RITMO en el eco de tu respiración. ENTIENDE QUÉ TE DICES, QUÉ NECESITAS Y POR DONDE QUIERES SEGUIR BAILANDO.