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“Nadie puede salvarte de tus miserias…”

11 meses ago · · 0 comentarios

“Nadie puede salvarte de tus miserias…”

 

Una bonita tarde fría, muy fría de invierno, fui a ver a un amigo del alma, con la buena suerte de poder coincidir además con otra gran amiga del alma suya: Puy.

No nos conocíamos, nunca nos habíamos visto antes (ella vive en las islas) pero sí habíamos escuchado hablar de nosotras muchas veces. Es lo que tienen los amigos del alma. Se comparte tanto que lo suyo se convierte un poco en tuyo… algo parecido había ocurrido entre ella y yo.

Un anochecer largo entre vinos y sopita caliente, compartimos palabras, experiencias, sensaciones, con tanta conexión al hacerlo que sentíamos haber vivido momento similares y paralelos en el tiempo. Y como todo lo que ocurre en la vida tiene una y varias lecturas, cuando se ve con distancia y perspectiva: un aprendizaje.

Esta reflexión salió de Puy tras las horas de conversación conjunta con la piel de gallina y, a los pocos días, tuvo la generosidad de querer compartirlos conmigo, con todos.

 

“Nadie puede salvarte de tus miserias y si intentas salvar, incluso rebuscar las del otro, probablemente te parta en dos y te pierdas.

A veces nos empeñamos en que el otro cambie, otras, en que acepte nuestra sombras y nos convertimos en el carcelero o en el prisionero. Nos encontramos en un ciclo en el que nada fluye y, tanto uno como otro, se pierden. ¡Pero qué loco y necesario es perderse! ¡Qué excitante cuando conoces a alguien y te encuentras! Y así… empiezas una relación de lo que sea: de risas, de sexo, de viajes, de charlas o de todo. Qué regalo es vivir esa etapa en la que como dos animales, te hueles, te buscas, saltas al vacío y te crees que todo lo sabes. Pero un día todo cambia y sientes el sabor seco de estamparte, y no es contra el otro… es contra ti misma. ¡Y duele! Que si duele, cuando lo intentas una y otra vez y al final no entiendes nada…

 Me recuerda a la adolescencia, cuando te duelen las rodillas o las tetas porque estas creciendo. Crecer duele. Nada más y nada menos. Las relaciones más íntimas duelen, a veces más y a veces menos.

Si estás despierta, crecer acompañada se convierte en una de las formas más bonitas, especiales, sutiles e interesante de conocerte y de conocer al otro, de regalar, de dar. Pero si te pillan dormida, se convierte en un bucle de aprendizaje ciego que ves venir pero no terminas de cuadrar.

¿Qué tiene el sexo tan íntimo? ¿Que tiene la risa tan cómplice? ¿Qué nos mueve hacia una persona u otra? Estamos programados para buscarnos y procrear pero, ¿qué parte le corresponde a la intuición, al crecimiento conjunto y, por qué no, al individual? ¿Qué es lo que queremos? Y más importante aun… ¿qué estamos dispuestos a dar? ¿Estamos abiertos a crear algo nuevo? ¿Nos atrevemos a jugar el partido sabiendo que lo más probable es que termine? ¿Somos capaces de salir de la historieta de dos personas que se conocen, tienen hijos y se casan?

 Cuanto daño nos han hecho los cuentos de princesas y las películas de caballeros. Cuanto daño nos ha hecho el amor romántico que tiene los hilos igual de finos que la pasión cuando juega en solitario. QUIZÁS UNA DE LAS LLAVES, sea no vendernos teatros ni simulacros, no imaginarnos, sino CREARNOS Y QUE LA HONESTIDAD LO EMPAPE TODO.”

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Sara Ortega

Sara Ortega

Psicóloga terapeuta, especialista en adultos y niños. Terapia Cognitiva Conductual. Psicología Clínica y Educativa.

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